FIFA, PES y el dinero
¿Merece la pena comprarlos año tras año?

Leyendo este artículo: Nintendo: “Los juegos baratos devalúan el sector” vuelvo a recordar todas esas veces en que las grandes compañías de videojuegos nos han hablado de los peligros de comprar juegos de segunda mano, del coste de desarrollo de un videojuego, de la cantidad de mejoras gráficas que justifiquen los elevados precios…

Siempre igual, parece que las nuevas tecnologías no consiguen hacer del diseño y venta de videojuegos algo más sencillo y rentable con unos precios menores. Es curioso cómo somos capaces de reducir en meses el precio de teléfonos móviles de ultimísima generación pero no podamos rebajar el precio de juegos como Final Fantasy, Resident Evil, FIFA, por poner algunos ejemplos. Cuestión aparte, en realidad, son los juegos deportivos, puesto que con la excusa de renovar plantillas y algunos pequeños detalles técnicos nos hacen desembolsar año a año un mínimo de 50 euros si queremos tenerlos en los primeros meses de ventas.

Parece que estas empresas han decidido seguir el camino de muchas discográficas, productoras de cine o editoriales al empeñarse en ofrecer sus productos a precios excesivamente altos. Deberían aprender de los errores de otros y fijar unos precios más razonables para los consumidores, por ejemplo adoptar como universales los precios de sus líneas económicas, como la línea “Platinum” de Sony con juegos a 29,90 euros y rebajar éstas a precios que ronden los 15-18 euros. Claro, el problema con esos precios es que las compañías perderían dinero por la piratería, o eso sería lo que ellas esgrimirían; acaso sin pensar en que con precios más bajos más gente se animaría a tener sus juegos originales. Quizá para ellos estos productos tengan una demanda inelástica, como el pan, y por mucho que aumente el precio seguirán comprando las mismas personas, y si no es así, pues a elaborar nuevas leyes contra ellos.

Con ocasión del debate de la “Ley Sinde”, los “creadores”, sean del ámbito que sean, nos han demostrado, en su mayoría, su miedo a cambiar lo negocios tradicionales, a avanzar por nuevos caminos y fórmulas que creen nuevas oportunidades de negocio, no tan rentables a simple vista pero que, a buen seguro, podrían ofrecer más ganancias de las “esperadas”. Se empeñan en acusar a los usuarios de ladrones, se aferran a la idea de que con leyes más restrictivas ellos podrán seguir viviendo de un negocio que ha evolucionado en sus narices sin permitirles mantener su privilegiado estatus. Por qué no acercar posturas con los usuarios, que sólo piden precios más razonables, acordes con las nuevas posibilidades de distribución y la multiplicidad de formatos existentes en la actualidad; porque, como demuestran las empresas de videojuegos, si a un usuario se le pueden sacar 50 o 60 euros anuales por un juego al que se le cambia el número que sucede al título, mejor que mejor; después ya nos ocuparemos de crear leyes que coarten las libertades de los usuarios, acaben con el intercambio e incluso el préstamo de estos productos para que así tengan que acudir con su dinero, cuanto más mejor, a las líneas de cajas.

Vivimos en una sociedad cada vez más evolucionada en la que parece que los cambios técnicos de las consolas sea una excusa más para mantener los precios de unos productos que parece que jamás tengan suficientes adelantos técnicos que permitan un desarrollo más barato, ¿o acaso todos los juegos demuestran un adelanto sin igual en comparación con otros del sector?

A pesar de los años que llevan en el mercado las consolas pareciera que las empresas no pueden adaptarse a los nuevos sistemas y crear procedimientos para abaratar costes; y aún cuando lo hacen, como en el caso de los juegos comprados y descargados a través de internet, el consumidor no lo nota en el precio final, será que al eliminar el transporte, los embalajes, manuales impresos, intermediarios y un largo etcétera las operadoras de datos van y les suben el recibo de la línea de internet un 1000% y claro, pobrecillos, no tienen para pagar. Y justamente en el servicio de descargas es en el que se deberían mover más los juegos deportivos; ¿por qué no sustituir las ediciones anuales por descargas de actualización a precios más bajos y sacar al mercado un nuevo juego cada 3-4 años con mejoras más que notables?

La fórmula mágica que buscan para acabar con un buen porcentaje de la piratería es el sentido común, no leyes coercitivas complicadísimas de seguir y que han demostrado con anterioridad su poca efectividad. Juegos originales sí, pero a un precio razonable.

votar

Anuncios