¿Cuántas veces no habremos querido poder usar la psicología inversa con nuestros jefes, compañeros de trabajo, amigos e incluso nuestra pareja? Son esos momentos en que, por más que lo intentas, nadie da su brazo a torcer, aunque tengas la razón y sepas que su opción no tiene ningún sentido.

Si fuera tan fácil como con los niños:

Aunque pensándolo bien, ¿de verdad queremos poder usar la psicología inversa con otros? A ver si los demás también pueden hacerlo con nosotros y, al final, todo queda igual.

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