Víktor Korchnói en 1993. Imagen: Wikipedia.
Víktor Korchnói en 1993. Imagen: Wikipedia.

Que el periodista y escritor Arturo Pérez-Reverte es un aficionado, y de los buenos, al ajedrez es bien sabido, de hecho el mismo se define de la siguiente forma:

Para quienes, pese a ser jugadores mediocres como yo, hace tiempo sustituimos a Dios por el ajedrez -encontrando en éste más lógica y consuelo que en una plegaria, un altar o un confesonario-, ver a esos ajedrecistas en acción [Por los GM Anand, Aronián, Krámnik, Karjakin…], inclinados sobre sus tableros, es como asistir a misa en una iglesia tranquila: algo que serena mucho el espíritu.

De vez en cuando esta faceta suya se cuela en los artículos dominicales que publica en el suplemento XL Semanal, como el del próximo domingo dedicado a Viktor Korchnói que, a sus ochenta y cuatro años, y después de haber pasado por problemas de todo tipo, jugó dos partidas de exhibición en Zúrich que dejaron patente a Pérez-Reverte y a cuantos vieron el duelo que el ajedrez, pese a todo, sigue corriendo por las ventas del jugador suizo.

FUENTE: «Los ojos de Viktor Korchnói», artículo de Arturo Pérez-Reverte


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